Se dice cuando alguien va a toda leche, sin frenar ni para saludar, como si le persiguiera el demonio. Vale para ir corriendo, en coche o en bici, pero siempre con esa prisa medio absurda y un puntito de caos. Muy de pueblo, de ver a alguien pasar zumbando y pensar: este se mata.
"Bajó el chaval por la cuesta del pueblo a tranca potranca con la bici hecha polvo, y la señora del ultramarinos se santiguó porque eso no era normal."