Se dice cuando alguien decide irse de una situación que ya le da paja, le incomoda o simplemente está re aburrida. Es un “me tomo el palo” bien del norte, con tonito tucumano. Sirve para cortar por lo sano y desaparecer sin hacer mucho drama. Ideal para zafar de reuniones eternas o juntadas que se pincharon.
"En la reunión, el jefe arrancó con su monólogo infinito y el Juanito me tiró: ¿Nos vamos a los botes? Agarramos las cosas, metimos excusa y nos fuimos al toque."