En Navarra se dice cuando alguien se queda sobando a gusto o tirado en la cama sin intención de moverse, como si se hubiera metido en una caja y no hubiera quien lo saque. Vale para la pereza mañanera, para el resacón o para el domingo eterno. Suena muy de casa y tiene su puntito.
"Íbamos a subir al monte, pero el Iñaki se quedó haciendo una caja y cuando se levantó ya estaban los pintxos en la mesa."