Se dice de alguien que no para de hablar ni un segundo, como si tuviera un programa en directo en la cabeza y estuviera narrándolo todo. Vale para el colega que te cuenta hasta cómo se ata los cordones. No es precisamente un piropo, pero tiene su gracia cuando el ambiente ya está pidiendo silencio.
"Manolo, para ya, hombre. Llevas toda la tarde en modo radio, comentando hasta las repeticiones, y aquí no se oye ni al árbitro."