Se dice cuando quedas con alguien para echar un rato de charla con una copa de vino delante, sin prisas y con el tema poniéndose cada vez más filosófico. No es solo beber, es arreglar el mundo a sorbos, con risas, confidencias y alguna verdad suelta. Muy de plan tranquilo y de buena compañía.
"Quedé con Juan en casa, sacamos un crianza y nos pusimos a hacer un vino. Entre risas y dos tapas, acabamos hablando de la vida como si fuéramos ministros."