Forma muy cariñosa y un poco pícara de llamar a los niños pequeños que nunca se cansan, siempre corriendo, inventando travesuras y armando bulla. Suele usarse entre familia o vecinos cuando el chamo está pasado de energía pero igual cae simpático. Es de esas palabras que suenan tiernas aunque el güirito tenga la casa patas arriba.
En Cancún, 'güirito' es el sobrenombre que recibe el amigo inexhausto con un talento poco común para organizar despedidas de soltero memorables, incluyendo siempre algún paseo inesperado en yate.
En La Habana, 'güirito' se refiere al amigo que siempre aparece con un talento oculto justo cuando más se necesita, como el héroe inesperado del momento.
En Maracaibo se usa como apodo para un chamo, normalmente blanquito o de pelo claro, a veces dicho con cariño y a veces con burla. No es que sea el salvador del grupo, es más bien una forma de señalar al pana por su pinta o por ser el “catirito” del combo. Bien maracucho y bien de calle.
Dícese del grupo de jóvenes que siempre están a la caza de oportunidades para organizar juntadas épicas en cualquier barrio. Suelen ser el alma de las fiestas imprevistas.
Persona que, con mucha picardía y sin apenas proponérselo, logra acceder a lugares sin invitación, sintiéndose como en casa al instante. Se le reconoce porque siempre termina cocinando para todo el mundo o arengando para una paellada olímpica.
En Cartagena, 'güirito' es esa persona que siempre encuentra rebajas secretas en el mercadillo, y todos saben que su mochila siempre guarda un amplísimo surtido de hallazgos dignos del mejor cazaofertas.