Se usa para decir que algo es tan increíble, loco o sorprendente que te deja con la boca abierta y el cerebro dando volteretas. Puede ser bueno o malo, pero casi siempre va en plan positivo, como cuando algo te vuela la cabeza. Es muy de colegas madrileños flipados, y hay que admitir que suena bastante contundente.
Se dice cuando algo te deja loquísimo, súper impresionado o en plan no me lo creo. Puede ser para algo bueno, raro o directamente surrealista. También vale para exagerar un poco y darle drama a la historia. Vamos, que te pega un subidón mental y te quedas con cara de cuadro.