Se usa para decir que alguien está pasando una pena tan grande que la cara se le pone como tomate maduro. Es esa mezcla de bochorno, calorón y ganas de que la tierra te trague. En Bolívar, cuando te ponen en la candela delante de todo el mundo, el color rojo en la cara es casi uniforme obligatorio.
En Dominicana se dice estar rojo cuando estás sin un chele, en olla, con la cuenta en números negativos y la nevera dando eco. Es la quiebra total, nivel revisar los bolsillos del pantalón de la escuela por si aparece una moneda perdida. Duele, pero la frase tiene su flow y hasta da risa en medio del desastre.
En Puebla, decir que andas rojo es que traes el estrés a tope o la preocupación bien clavada, como cuando algo te trae dando vueltas y no te deja ni respirar. No va de que te pusiste colorado, va de que traes el coco hecho un desmadre. Suena exagerado, pero pega duro.