Se dice cuando algo está carísimo, a un precio que duele y te deja pensando si de verdad lo necesitas. La gracia es compararlo con el famoso anticucho tacneño, que cuando está bien hecho se paga con gusto, pero igual te hace sudar la billetera. Ideal para rajar de precios abusivos.
"Oe, ¿viste el precio de ese celu? Está más caro que el anticucho tacneño, mejor me voy al mercado a vitrinear nomás."