Se usa para decir que alguien está muy bueno, que está re fuerte y da gusto mirarlo, como un buen queso fresco tucumano bien tentador. Es un piropo medio pícaro pero cariñoso, ideal para cuando ves a alguien arreglado y te deja medio tonto. Y hay que admitir que la comparación con el queso tiene su encanto.
En Córdoba se usa para decir que alguien está re confundido, mareado o que no entiende nada de lo que está pasando. Es como tener la cabeza hecha un nudo y no saber para dónde rajar. Se aplica mucho después de explicaciones complicadas, trámites eternos o cuando te hablan todos a la vez. Y la verdad, pasa más seguido de lo que uno admite.
Se dice cuando alguien está muy atractivo, de esos que entran por los ojos y te dejan medio bobo. Es una forma bastante común y algo pícara de decir que está buenísimo o buenísima, sin ponerse demasiado explícito. No tiene nada que ver con oler a lácteo, por suerte. Muy de España.
Se usa para decir que alguien está muy bueno, que está re fuerte y llama mucho la atención físicamente. Es un piropo bastante común y no tiene nada que ver con el queso del súper, aunque la imagen hace gracia. Ojo, puede sonar medio baboso si se usa mal, pero bien tirado queda simpático.