Se dice cuando alguien está reventado, sin fuerzas y con la cara derretida, como si te hubieras pegado una paliza bajo el sol. También vale para ese punto de estar hecho polvo y medio mustio, como un caramelo blandurrio. Muy de feria, de curro y de acabar diciendo: no me habléis que no puedo ni con mi alma.
"Entre montar la caseta, cargar cajas y aguantar el calorazo, llegué a casa hecho un chofla y me quedé frito en el sofá sin cenar."