Se usa para decir que alguien está colgado, distraído o en su mundo, como si estuviera escuchando un sermón larguísimo y no registrara nada de lo que pasa alrededor. Es la típica frase que te tiran cuando te quedás mirando la nada misma. Y hay que admitir que describe bastante bien esos viajes mentales.
Se dice de alguien que está en la luna, distraído o medio ido, como si estuviera escuchando el sermón pero sin cachar nada de lo que pasa alrededor. Sirve para retar con cariño o con un poquito de pica, cuando alguien no reacciona, no ayuda o se queda pegado mirando al vacío. Bien de la calle.