Se dice cuando alguien va pasado de revoluciones, con una energía que no le cabe en el cuerpo. Habla sin parar, se mueve como un trompo y parece que por dentro le están tirando petardos. La gracia es compararlo con la mascletà valenciana, puro estruendo y subidón. Ideal para el colega hiperactivo.
"Desde el primer café, Juan está en la mascletà: habla de criptos, baila en la cola del súper y hasta le guiña el ojo al cajero."