Se dice cuando alguien va contentillo por el vino, disfrutando tanto que parece que está en un paraíso de uvas y barricas donde no existe el estrés. Vamos, que está alegre, relajado y con la sonrisa tonta de quien se ha pasado un pelín. Suena fino, pero es una forma elegante de decir que va piripi.
"En la bodega de Olite, Mikel empezó con una copita y acabó abrazando la barrica. Ahora va por la plaza como si estuviera en el jardín de Baco, feliz de la vida."