Se dice cuando algo o alguien está sorprendentemente bien, casi contra todo pronóstico. Como que esperabas un desastre y, oye, resulta que está fino, sano o funcionando de lujo. También vale para personas que se recuperan rápido o aparecen enteras después de una noche movidita. Vamos, que es como decir: ni yo me lo creo.
Se dice cuando alguien está en un sitio casi por obligación, de rebote o porque no le ha quedado otra, y se nota que preferiría estar en cualquier otro lado. Es como decir que ha venido por puro trámite, no por ganas. Y la verdad, todos hemos estado de milagro en algún plan coñazo.