Se dice cuando algo o alguien está sorprendentemente bien, casi contra todo pronóstico. Como que esperabas un desastre y, oye, resulta que está fino, sano o funcionando de lujo. También vale para personas que se recuperan rápido o aparecen enteras después de una noche movidita. Vamos, que es como decir: ni yo me lo creo.

"Pensé que el coche no pasaba la ITV ni de broma, pero el mecánico lo miró dos minutos y dijo que estaba de milagro. Salimos de allí celebrándolo como si nos tocara la lotería."

Se dice cuando alguien está en un sitio casi por obligación, de rebote o porque no le ha quedado otra, y se nota que preferiría estar en cualquier otro lado. Es como decir que ha venido por puro trámite, no por ganas. Y la verdad, todos hemos estado de milagro en algún plan coñazo.

"En la cena de empresa estaba de milagro, primo, si por mí fuera me quedo en el sofá con el pijama y el plato de croquetas."

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