Se dice del vivo que aparece en un asado sin que nadie lo invite, con la misión clarísima de morfarse toda la carne y no poner un mango. Cae justo cuando huele el humo, se hace el amigo de todos y después se borra cuando toca pagar. Un clásico argento, medio gracioso y medio para mandarlo a freír churros.

"Joaquín está de asado mal: cayó cuando prendimos el fuego, se clavó dos choripanes y un vacío, y cuando pasamos la vaquita se hizo el boludo mirando el partido."

Se dice cuando te has pegado una comilona de las que te dejan tieso, en modo sofá y sin ganas ni de pestañear. Es ese punto de empacho feliz en el que solo puedes existir y mirar al techo, como si fueras carne al fuego. Muy de sobremesa larga y siesta traicionera, la verdad.

"Entre la paella, el all i pebre y el postre, me he quedado en el sofá sin poder ni hablar. Estoy de asado, como para que me abanique la iaia y ya."

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