Se dice cuando te toca esperar o quedarte parado a pleno sol, sin una sombra que te salve. En Chaco pega fuerte, así que la frase suele venir con queja y dramatismo: calor infernal, transpiración y cara de “¿quién me mandó?”. Es como una prueba de paciencia, pero versión parrilla humana. Y sí, da bronca.
Se dice de alguien que está tirado sin hacer nada, como panza arriba, mientras el resto se rompe el lomo. Suele llevar ese toque de reproche y de calorón norteño, como si el sol te estuviera cocinando y aun así vos, chocho, sin mover un dedo. Ideal para bardear al vago del grupo.