Se dice cuando estás acojonado, pero en versión más suave o local: con miedo de verdad, de ese que te encoge el cuerpo y te pone en alerta. Vale para sustos, sitios siniestros o movidas que pintan fatal. No es estar nervioso sin más, es canguelo del bueno, del que te hace mirar atrás.
"Fuimos de noche por el monte y, al oír un crujido detrás, el Iker se quedó blanco y dijo que estaba acochao, que ni de coña seguía sin linterna."