Se dice cuando alguien se viene arriba y va de flipado, presumiendo como si fuera la leche por algo que en realidad es normalito o ni llega. Es postureo con aires de grandeza, vaya. Muy útil para pinchar globos de ego sin montar bronca. Y sí, suele ir con una sonrisita de lado.
Se dice cuando te quedas pillado, pasmado o con cara de póker porque algo te sorprende fuerte. Es ese segundo en el que el cerebro hace buffering y tú te quedas mirando sin reaccionar. Muy de calle para contar sustos, apariciones raras o movidas inesperadas. Vamos, que te quedas encalomado y no sabes ni qué decir.