Expresión exagerada y cariñosa para decir que te vas a servir un plato de sopa bien generoso y a disfrutarlo con calma, casi como un ritual después de un día pesado. Suena a antojo casero, a cocina de mamá o de la abuela, y la verdad es que solo decirlo ya da hambre y un poco de paz mental.
Frase para cuando quieres ir a comer una buena sopa o algo caldoso, especialmente después de un día pesado.