Se dice cuando te pegas una buena fiesta y le das fuerte al bebercio, hasta quedarte medio atontado, como si la cabeza echara humo por el tubo. Va con tono de cachondeo y un puntito de advertencia, porque al día siguiente igual te levantas con la resaca cantando jotas. En La Rioja, con vino, esto pasa fácil.
"Anoche en la bodega le echamos humo al tubo y acabé pidiendo un taxi con la app al revés. Entre la cata y los pinchos, salí viendo barricas que me hablaban."