Se dice cuando te pegas una siesta, normalmente después de comer, de esas cortas en teoría pero que te dejan KO y te levantas con la cara marcada y la mente en Narnia. Es el clásico cabezazo traicionero que empieza con cinco minutos y acaba en hora y pico. Mano de santo, pero luego no hay quien arranque.
"Después del ternasco y el postre, me tumbé un momento y acabé echando una torrija que me desperté de noche y sin saber ni en qué día estaba."