Se dice cuando sueltas una grosería, una palabrota o un insultillo, casi siempre por coraje, sorpresa o porque se te fue la boca. Es como aventarte un taco de lenguaje bien florido, de esos que salen sin pedir permiso. No es para presumir, pero a veces hasta desahoga.
En Querétaro se usa para decir que vas a ir a comer, casi siempre tacos, y normalmente en plan antojo o para agarrar fuerzas. Es como armarte una taqueada rápida con la banda, aunque sea en la esquina o en el puesto de confianza. Aplica estés triste, feliz o crudo, porque siempre hay pretexto para echar taco.
Se dice cuando vas con la raza a comer tacos, normalmente después del jale o para curarte el antojo. No es solo tragar, es plan: caerle al puesto, platicar, echar carrilla y agarrar buen ambiente. En Sinaloa suena bien natural, como una invitación rápida y sin tanta vuelta.
Se dice cuando te vas a comer unos tacos, así sin más, porque ya pegó el hambre y el cuerpo pide algo con salsa. También puede usarse como plan rápido entre compas, tipo pausa de la chamba para ir al puesto de la esquina. Es bien de calle y suena a antojo urgente, de esos que no perdonan.
En Guerrero se usa para decir que vas a comer algo rápido y rendidor, casi siempre unos tacos, aunque puede ser cualquier botanita callejera. A veces también trae el combo completo: ir por comida y de paso sentarse a platicar, echar chisme y ponerse al día. Suena casual, de barrio y con hambre.