Se usa cuando alguien agarra un cuento normalito y le mete drama extra para que suene más sabroso. Es como inflar el chisme, añadir detalles dudosos y ponerle picante para que todo el mundo se quede pegado escuchando. No siempre es malintencionado, pero sí es bien novelero, de esos que uno escucha con gusto aunque sepa que está medio exagerado.
En Áncash, cuando alguien echa leña es porque mete cizaña en una bronca, aviva el chisme y hace que el problema se ponga más bravo. No ayuda a calmar las aguas, más bien disfruta viendo cómo todo se incendia un poquito más. Es como el clásico que no pelea, pero le encanta ver el show desde la tribuna.