En Costa Rica se usa para hablar de alguien que exagera, inventa o adorna demasiado las historias, como cuando se pone a tirar cuento solo para impresionar. Es como estirar la verdad hasta que casi se rompe. A veces hace gracia, pero también cansa cuando ya nadie le cree nada al que vive echando caja.
En Norte de Santander se dice cuando te pones a soltar chisme del bueno, a contar lo que te enteraste y a desmenuzar el cuento con lujo de detalle. Es básicamente sentarse a rajar un rato, pasar el dato y dejar a todo el mundo al día. Si hay cafecito de por medio, mejor todavía.