Se dice cuando alguien se deja la piel haciendo algo, o sea, que se esfuerza a lo bestia hasta el final. Es como currárselo a tope, sin guardarse nada, aunque acabes reventado. En Aragón suena muy de casa, de abuelos y de pueblo, y queda perfecto para estudiar, trabajar o pegarte una paliza.
"Ayer me dejé los filicos con el examen de mates, sudando tinta, y aun así el profe iba con cara de pocos amigos."