Se dice cuando alguien se pone a hablar y hablar, se cree la gran vaina y suelta un discurso larguísimo que no le importa a nadie. El resultado es que deja el ambiente muerto, la gente bostezando y mirando al techo, como si les hubieran apagado el switch. Ideal para profes, jefes y panas intensos.
"El jefe arrancó con su charla motivacional y, chamo, en cinco minutos ya nos dejó la sala, todos pegados al celular y bostezando."