Se dice cuando te entra un miedo tonto o un yuyu de esos que te ponen en alerta, como si algo te oliera raro y el cuerpo lo notara antes que la cabeza. Puede ser por una sombra, un ruido o una situación chunga. Es muy de decirlo con gracia, aunque por dentro estés tieso.
"Se fue la luz en el pueblo y, al oír pasos en el pasillo, me dio la jindama y me metí en la cama con la linterna y el perro de guarda."