Se le dice a alguien para pedirle que te preste atención, como un “escúchame bien” pero en plan callejero. Suele salir cuando vas a soltar un chisme, una historia jugosa o algo que no quieres repetir dos veces. Es medio mandón, pero con gracia, y funciona perfecto para enganchar a la gente.
"Oye, manín, dame la oreja un chin, que lo que pasó en la esquina anoche está fuerte y tú no te lo vas a creer."