En Ecuador se dice para celebrar que la vida es una sola y hay que aprovecharla sin tanto drama. Es como un grito de ánimo para lanzarte a planes improvisados, reírte de la mala racha y seguir con buena vibra, aunque andes corto de plata. Medio filosófica, medio vacile, pero pega duro.
En Cusco se dice para hablar de alguien que vive a lo loco y sin muchas responsabilidades, como si la vida fuera pura jarana. Va con ese rollo de andar de fiesta, tomando y pateando la calle, sin pensar mucho en mañana. Puede sonar medio envidioso o medio crítico, según quién lo suelte.