En Ayacucho se dice que alguien está chapla cuando está borrachazo perdido, ya sin coordinar ni las ideas ni las piernas. Es ese punto en el que la realidad se pone borrosa, uno habla huevadas y se cree filósofo o cantante de rock. Es una forma bien criolla de decir que el trago ya le ganó por goleada.
En Tacna se usa para vacilar a alguien que es más soso que sopa sin sal, una persona apagada, sin chispa, que nunca se anima a nada. Es como decirle que es un flan sin caramelo ni nada divertido encima. No es un insulto heavy, pero sí un toque para que espabile y se ponga las pilas un rato.
En Tacna, una chapla no es un zapato viejo ni nada por el estilo, sino un pan plano y delgadito, medio galleta, que se tuesta rico y huele a gloria. Es el clásico del lonche con té o café, y cuando están calientitas recién salidas del horno, la verdad es que son puro vicio delicioso.