Así le decimos al pibe o chaval por acá, puede ser un amigo o simplemente alguien que ves por ahí.
En el noroeste argentino, sobre todo en Tucumán, chango se usa para llamar a un pibe o a un flaco, a veces con tono de colega. Puede ser cariñoso o medio retador según cómo lo tires. No siempre es tu mejor amigo, pero sí alguien a quien le hablás de frente y sin vueltas.
En Jujuy se usa para referirse de forma cariñosa y medio pícara a un pibe, un amigo o alguien joven. Puede sonar tierno o de reto según el tono, pero siempre bien norteño. Es de esas palabras que te delatan al toque como jujeño y, la verdad, tiene un encanto especial que no se pierde nunca.
En Tucumán, chango se usa para hablar de un pibe, un amigo o cualquier muchacho con buena onda. Es una forma re cotidiana y cariñosa, sirve tanto para bardear con cariño como para invitar a una birra. Si en un grupo nadie te dice chango, capaz que ni te registran, así que mejor ganarse ese título.
En Tucumán se usa para hablar de un hombre en general, como decir tipo o flaco, a veces con cariño y otras cuando no te acordás el nombre ni de casualidad. También puede sonar medio pueblerino pero con onda, muy del norte argentino. Es de esas palabras que te salvan en cualquier charla y encima suenan re campechanas.
En Guanajuato, chango no solo es el animal que se cuelga de los árboles, también es una forma cariñosa de hablar de los niños traviesos, inquietos y bien juguetones. Se usa cuando el chamaco anda haciendo desmadrito pero con gracia, no en plan regaño serio. Es como decir criatura tremenda, pero con sabor bien mexicano y un toque de burla tierna.
En Jujuy y en el norte argentino, chango se usa para hablar de un pibe o un chico, a veces con cariño y otras como un tirón de orejas. También puede funcionar como vocativo tipo che, para llamar a alguien en plan cercano. Es bien de barrio y suena re norteño, de esos que te salen sin pensar.