Se dice cuando alguien se pone pesado con el mismo sermón de siempre: un regaño largo, repetido y medio aburrido que te cae por haber metido la pata. Vale para mamás, profes, jefes o cualquier persona en modo disco rayado. En Ecuador se usa un montón, y sí, a veces te la mereces, pero cansa igual.
En Santander se usa para hablar de ese regaño eterno y cansón que te echan los papás, la pareja o cualquiera que se crea con autoridad moral. Es cuando te repiten lo mismo una y otra vez hasta que te sabes el discurso de memoria. Fastidia, pero toca aguantarse, porque casi siempre algo de razón sí tienen.
En Santander se usa para hablar de esa repetidera intensa y cansona cuando alguien no suelta un mismo tema y te taladra la cabeza. Es como un regaño o sermón que se repite tanto que ya ni escuchas, solo piensas que pare de una vez. Y hay que admitir que todos hemos echado cantaleta alguna vez.
Se usa cuando alguien te suelta un regaño o sermón largo, repetido y medio ladilla, de esos que ya te sabes de memoria. Es la típica charla de mamá, abuela o jefe cuando metes la pata y te lo recuerdan veinte veces. En Venezuela se oye un montón, y sí, cansa pero a veces se la ganan.