Se usa para hablar de un calor brutal, de esos que te dejan pegado a la silla y con la camiseta hecha sopa. En Atacama es casi deporte nacional quejarse del calorazo cuando el sol pega fuerte y ni el viento ayuda. Es como vivir dentro de un horno gigante, pero sin manual de instrucciones ni botón de apagado.
Forma exagerada y divertida de referirse a mucho calor, como si el sol del norte jujeño quisiese darte un abrazo ardiente.