Apodo medio cariñoso, medio de recocha, para decirle a alguien que es terco, que no cambia de idea ni a palo y se queda pegado en lo suyo. No siempre es insulto, depende del tono y la confianza. Se suelta entre amigos o familia cuando alguien se pone necio. Y sí, suena chistoso.
Dicho en plan broma para llamar a alguien distraído, olvidadizo o medio volado, de esos que dejan todo tirado y a los cinco minutos ya no se acuerdan ni dónde. No es un insulto pesado, más bien una cargada entre patas cuando alguien anda en la luna. Suena bien norteño y bien de confianza.