Se dice cuando estás sin plata, pelado, en modo supervivencia y contando las monedas para el bus. Es como admitir que andas quebrado, pero con ese toque costeño que lo suelta sin drama. Sirve para rechazar planes, pedir chance o explicar por qué hoy toca mirar y no comprar. Duele, pero es real.
"¿Te apuntas a las bielas después del camello? Ñaño, imposible, ando chapa y ni para el pasaje me alcanza, hoy solo agüita y a la casa."