Se usa para burlarse, con cariño o con veneno, de un chilango que se muda a la costa y en dos días ya anda hablando como local: que si la ola, que si el swell, que si la chela al atardecer. Va de poser playero, aunque no sepa ni pararse en la tabla. Muy de cotorreo costero.
"El vato llegó de CDMX hace quince días y ya dice que vive del mar, pero se marea en la panga. No manches, qué aguachilango."