En Anzoátegui le dicen así al tipo que se cree galán y vive echando labia, como si tuviera un manual de conquista barato. Se arrima a las jevas con su “encanto” medio dudoso, todo resbaloso y confianzudo. No siempre es mala gente, pero suele dar pena ajena. Y sí, el apodo le queda perfecto.
En La Guajira se usa como forma cariñosa de pedir una ayudita o un favorcito, normalmente con tono de confianza. Si alguien te suelta un pásame el aceitico, no está hablando de aceite ni de lubricante, es más bien un échame la mano, colabórame ahí. Suena suavecito, pero viene con presión social incluida.