En Barinas se usa para hablar de una fiesta brutal, larguísima y pasada de rosca, de esas que parecen durar treinta vidas seguidas. Es la típica rumba donde hay música a todo volumen, birras, anécdotas locas y nadie quiere que se acabe. Suena exagerado, pero cuando vives un buen treintazo entiendes por qué se llama así.
Se suelta para hablar de los 30 años como un hito, a veces con tono de broma, de orgullo o de vacile, como diciendo ya caíste en el tercer piso. Puede ser para felicitar, para picar a un amigo o para reírse del drama de hacerse adulto. No es fin del mundo, pero pica un poquito.