Se dice cuando pegas un grito agudo y potente, de esos que salen sin pensar porque te has llevado un susto, te has dado un golpe o te has quemado con algo. No es un grito cualquiera, es el chillido que te delata delante de todo el mundo. En La Rioja, entre vinos y bodegas, pasa más de lo que se admite.
"Estábamos en la bodega tan tranquilos y, al probar el vino caliente, me quemé la lengua y tiré un chillido que se giró hasta el enólogo."