Se dice cuando tienes un hambre brutal, de esas que te rugen las tripas y te comerías hasta el mantel. Es una comparación exagerada y muy castiza para remarcar que estás desesperado por pillar algo de comer ya. Suena un poco bestia, pero justo por eso hace gracia y se entiende al vuelo.
"Tío, llevo desde las ocho sin comer y tengo más hambre que el perro de un ciego. Como no caiga un bocata ya, muerdo la mesa."