Dicho bien porteño para hablar de alguien que guarda la plata en efectivo en casa, escondida, en vez de meterla al banco. Suele venir de la desconfianza, de haberla pasado mal con el sistema o de ser medio paranoico con que le afanen. Vamos, el clásico que no se fía ni de su sombra.
"Mi tía no usa homebanking ni loca, tiene la guita bajo el colchón y te jura que el banco te la hace desaparecer más rápido que un choripán en la cancha."