En Antofagasta se le dice a alguien que es bien ingenuo, medio pavo, y que cae en cualquier cuento. Es esa persona a la que le venden la pomada y encima agradece. No es precisamente un halago, pero tampoco suena tan pesado como insulto. Ideal para retar a un amigo por confiado.
"No le prestís plata al Lucho, po. Es un papaya, le dijeron que era inversión en criptos y ya anda feliz pasando la tarjeta."