Se dice cuando estás más perdido que el hijo de Lindbergh: confundido, desorientado y sin entender nada de lo que está pasando. Es como quedarte en blanco, pero con ese toque de vergüencita de no saber ni por dónde te viene el golpe. Muy de pana para admitir que andas en modo cero idea.
"Chamo, salí del parcial de física y quedé hecho un pollo, mirando el techo como si las fórmulas fueran jeroglíficos y yo sin saber ni qué hora era."