Se dice cuando de repente se arma el desmadre en una fiesta, una reunión o hasta en la calle. Empieza tranqui y, sin avisar, ya hay gritos, risas, música a todo volumen y caos del bueno. No es que llueva, es que el ambiente se puso intenso y nadie lo controla. Y sí, suele acabar con historias rarísimas.
"En la peda de Juan se armó la tormenta, el vecino llegó a reclamar y terminó cantando banda con una escoba de micrófono, y el sombrero de alguien apareció en el refri."