Se dice cuando la fiesta se pone tan buena y tan descontrolada que parece cosa divina. Hay música a todo volumen, trago, baile y gente que no se quiere ir ni a palo. En Huila suena a plan de finca, parlante reventado y amanecer sin culpa. Si la rumba fue normalita, ni la menciones.
"Anoche en la finca armamos una rumba de los dioses, sonó vallenato y guaracha sin parar, y hasta el perro se metió a la pista moviendo la cola como loco."