Se dice cuando alguien se parte de risa a lo bestia, con carcajadas de esas que se oyen desde la otra punta del bar. Es una risa descontrolada, sin vergüenza y sin freno, como si te diera igual el qué dirán. Vamos, que te entra el ataque y ya no hay quien te pare.
"En la cuadrilla, soltó uno la típica del cura y el burro y Marta se reía como un zurraspa, con lágrimas y todo. El del bar nos miraba como si estuviéramos locos."