Se dice cuando algo te sorprende tanto que te deja tieso, sin palabras, como si te hubiera caído un baldazo de agua helada. Es una forma más cariñosa y exageradita de quedarse helado, muy de conversación cotidiana. Sirve para chismes, sustos o noticias raras que te descolocan en un segundo.
"Mano, me quedé heladito cuando la profe dijo que el examen era hoy y yo estaba con mi cuaderno en blanco, qué palta."