Se dice cuando algo salió mal, quedó feo o ya no tiene arreglo. Es ese lamento bogotano para soltar un “qué mala suerte” o “estamos jodidos”, pero en versión callejera y bien rola. Sirve para planes que se dañan, embarradas y situaciones donde toca resignarse y seguir, así duela.
"Yo todo juicioso salí temprano y justo hoy cerraron la estación. Qué paila, me tocó coger bus, trancón y llegar tarde al camello."