Se dice cuando alguien deja la casa hecha un Cristo, todo revuelto y fuera de sitio, como si hubieran registrado el salón buscando un tesoro. Vale para niños desatados, mudanzas mal llevadas o una limpieza que se fue de las manos. No implica mala intención, pero sí un caos curioso que da hasta risa.
"Entre el perro, los críos y la compra, han puesto la casa patas arriba: cojines por el pasillo, migas en el sofá y yo buscando las llaves en la nevera."